Para calmar a un niño con autismo, reduzca los estímulos ambientales (luces, ruidos) y háblele con un tono de voz bajo y pausado. Ofrecer "presión profunda" mediante abrazos firmes o mantas con peso, y dirigirlo a un rincón tranquilo alejado del foco de estrés, resulta altamente efectivo.
Las estrategias clave para ayudar a regular su sistema nervioso incluyen:
- Gestión del entorno: Retire elementos que causen sobrecarga sensorial y brinde un espacio seguro (como una carpa pequeña o un rincón con luces tenues).
- Herramientas sensoriales: Los juguetes antiestrés como pelotas para apretar, spinners o mordedores sensoriales ayudan a canalizar la energía y relajar la tensión física.
- Presión profunda: Los masajes suaves pero firmes, envolverlos en una sábana o usar productos de compresión profunda ayudan a que el niño tome conciencia de su cuerpo y se sienta seguro.
- Anticipación y rutinas: En momentos de transición, apoyarse en horarios visuales o pictogramas disminuye la incertidumbre y la ansiedad.
- Comunicación tranquila: Utilice frases cortas y tranquilizadoras, por ejemplo: "Estás a salvo", "Estoy aquí", para darle contención sin abrumarlo con explicaciones largas.

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